Cuando se ponga el Sol,
yo correré hacia el horizonte.
Me adentraré en el mar,
y salpicaré mi alma
con unas gotas de felicidad.
Nadaré como un pez sin preocupaciones.
Me dejaré llevar por la marea,
y que el agua recorra cada rincón de mi cuerpo.
Jugaré con las olas,
luego las cabalgaré
y cuando el mar no pueda ofrecerme nada más,
y el Sol me haya abandonado,
y el Sol me haya abandonado,
miraré al horizonte y respiraré hondo.
Este es el primer día del resto de mi vida.
Mañana también lo será.
Y el siguiente igual...