El sexo alivia la tensión mientras que el amor la causa.

domingo, 10 de abril de 2011

Sus pasos eran ligeros, casi parecía flotar. Su pelo rebelde se agitaba con el viento. Se le posaba frente a la cara, le impedía ver. Siempre tan revoltoso cuando jugaba con el viento. El frío tacto del agua le hacía estremecer. Pero ella, con el corazón acelerado, sonreía. Se agitaba suavemente y esperaba paciente el próximo contacto. Las olas se empeñaban en mojarla cada vez más. En hacerla estremecer hasta que dejara de pisar la arena que les pertenecía. Pero ella aguantaba. Y con cada frío contacto, una sonrisa más. Una sonrisa que ocultaba un amor. Y mucho miedo.

Alguien le acarició los brazos. "No me has esperado." le dijo suavemente al oído. "No quería desperdiciar ni un sólo minuto de esta sensación limitada de libertad." le dijo con una voz temblorosa. Él la giró. Ella agachó la cabeza, y una lágrima resbaló por su mejilla, llegó hasta su barbilla y cayó en esa olita que quiso mojar a Helena. Él puso su mano en su barbilla, aún húmeda de esa lágrima que escapó, y le elevó el rostro. Le miró a los ojos, llenos de lágrimas, y se estremeció. "¿Por qué lloras?" le dijo con voz ahogada. "Porque me he dado cuenta de que te amo más que al propio latido de mi corazón... Y tengo mucho miedo a perderte." Entonces él sintió a través de sus ojos, más allá de sus pupilas, una oleada de amor, cariño, miedo... Y también a él se le llenaron los ojos de lágrimas. "Lo eres todo para mí, Helena. No llores porque con cada lágrima se me parte el alma." le dijo mirándole a los ojos. Y sin dejar hablar a Helena, la besó. La besó como jamás la había besado. La besó como si no hubiera mañana, como si cada segundo fuera el último. Disfrutó de cada contacto de su piel con más intensidad que nunca. Porque él, más que nunca sabía que Helena era su vida. Y la vida hay que disfrutarla cada día al máximo.